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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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16 Julio 2020 04:05:00
Pan (demia) y circo
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Nos esperan tiempos pletóricos de revelaciones. La extradición pactada de Emilio Lozoya, exdirector de Petróleos Mexicanos, cuyas declaraciones se espera abran la caja de Pandora del sexenio de Enrique Peña Nieto, regresando al escenario a personajes prominentes del pasado sexenio. Un asunto que, se rumora, podría salpicar a miembros de varios partidos que recibieron estímulos económicos para apoyar las reformas peñistas.

Agregue usted la aprehensión del exgobernador de Chihuahua en Miami, Florida, César Duarte, acusado por el actual Gobernador chihuahuense, Javier Corral, de haber saqueado en forma inmisericorde las arcas del Estado. La extradición de este individuo, que acumuló una riqueza obscena y, se presume, desvió recursos para las campañas de candidatos del Partido Revolucionario Institucional, dará mucho qué decir.

Y la cereza en el pastel: las declaraciones del Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, quien revivió el caso Ayotzinapa declarando el fin de la “Verdad histórica” anunciada por el entonces procurador general de la República, Jesús Murillo Karam. El desmentido volvió a su segundo de a bordo, Tomás Zerón, un sospechoso buscado en todo el mundo.

Tres platos fuertes. Tres banderas brillantes, lucidoras, en manos del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha hecho del combate a la corrupción el leitmotiv de su gobierno, y que seguramente explotará durante meses.

Además de posibles prácticas corruptas, los tres asuntos comparten una característica: los tres se refieren al pasado. Al pasado reciente, pero pasado. Esto se acomoda muy bien al estilo personal de gobernar –con perdón de don Daniel Cosío Villegas– del presidente López Obrador. Ahora sí puede decir con fundamento que esta trilogía le viene como anillo al dedo.

Aclaro: el castigo a las prácticas corruptas en deterioro de la nación, hayan sido cometidas en cualquier momento, deben ser perseguidas y castigadas. Es lo correcto y debe hacerse. Sin embargo, decíamos, los tres ases salidos de la manga del Presidente se refieren al pasado, y es de temerse que desvíen la atención de dos momentos ineludibles: el presente y el futuro. Otra vez nos distraeremos o intentarán distraernos con asuntos del ayer, cuando el hoy y el mañana nos enfrentan a una crisis sin precedente desde la gripe española (1918) y la gran recesión de 1929.

Las cifras de la pandemia del coronavirus resultan aterradoras. El número de contagios y fallecimientos se dispara de forma hasta ahora incontrolable, haciendo caso omiso a las declaraciones acerca de haberla domado y de llegar al punto más alto. Las tercas estadísticas, o, lo que es lo mismo, la realidad, no escuchan tales anuncios optimistas.

Debido a la debilidad de la economía del país antes de declararse la propagación del virus, se agravó una situación ya de por sí mala. Millones de compatriotas han perdido el empleo y el número de pobres crece de manera exponencial. Y no se trata de un problema temporal. Las predicciones sobre el desempeño de nuestra economía resultan desalentadoras, pues se habla de una caída de más de 10% del Producto Interno Bruto en este año.

Investíguense y castíguense las corrupciones del pasado, sin que ello nos distraiga de un presente y un futuro que requieren de la máxima atención y del máximo esfuerzo, pues las noticias escandalosas no disminuirán el número de muertos por la pandemia ni llevará una tortilla a la mesa de los más pobres.
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