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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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30 Marzo 2020 04:03:00
México en la hora cero: #QuédateEnCasa
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Lo dicen las autoridades y lo confirman las experiencias en varios países: hemos llegado al momento en el que el aislamiento social, y su cumplimiento estricto por parte de las familias y los ciudadanos, es la última oportunidad que nos queda de evitar que México y los mexicanos vivamos una catástrofe sanitaria, humana y médica por
el coronavirus.
El golpe de la pandemia, en contagios, víctimas y daños económicos, ya no lo podemos evitar, pero sí está en nuestras manos hacer que ese golpe no sea tan duro, reduciendo el número de casos de contagio y salvando así a nuestro sistema de salud del colapso.
El tono de alarma, casi angustiado, con el que el subsecretario Hugo López-Gatell repitió el sábado, hasta en tres ocasiones, que nos quedemos en casa, ilustra el momento clave que vivimos. Lo que el encargado nacional de la estrategia contra el coronavirus quería transmitir es que si no entendemos y no colaboramos como sociedad podríamos caer en una crisis de salud que rebase las capacidades humanas, hospitalarias y de recursos. Algo como lo que le pasó a Italia y España, pero multiplicado por tres por el tamaño
de nuestro país.

La analogía parece absurda, pero para entender lo que López-Gatell quiso decir en su mensaje, estamos en esa escena que siempre se repite en cualquier película de terror cuando la joven que huye despavorida del monstruo o del asesino serial y se encuentra con una bifurcación del camino. En el cine de horror la joven siempre tomará el camino donde le espera el asesino-monstruo que encarna todos sus miedos e irremediablemente morirá.

La pregunta es ¿qué haremos los mexicanos ante esa disyuntiva? ¿Iremos por el camino donde nos espera lo peor o tomaremos el camino que nos puede salvar no de la crisis, pero sí del colapso? Lo dijo también el mismo López-Gatell: hoy podemos aminorar el tamaño de la pandemia mundial en México, pero no evitaremos sus estragos.
Conforme las medidas de aislamiento social y parálisis de la actividad económica continúen, en este momento al menos por un mes más, aunque las autoridades dicen que esta epidemia en el país puede durar hasta siete meses, serán cada vez más los sectores de la producción, del comercio y los servicios los que se verán afectados y más mexicanos los que pierdan su empleo.

Después de un sismo, un huracán o una pandemia como la que vivimos, la experiencia nos dice que es previsible esperar escenarios sociales complicados. La misma Ciudad de México ha vivido ya ese tipo de experiencias con los sismos de 1985 y de 2017, cuando esos desastres provocaron conflictos sociales y de seguridad. Y ahora esta ciudad volverá seguramente a ser el epicentro de la pandemia en su punto más complicado.

Se van a necesitar autoridades muy fuertes y decididas a tomar acciones necesarias para controlar el orden y la estabilidad social. E incluso, en algún escenario extremo, podría ser necesario declarar un estado de excepción en algunas partes del país. El único que tiene facultades legales y constitucionales para decretar el Estado de Excepción con el apoyo de la Guardia Nacional, es el Presidente de la República. ¿Lo haría?

Nadie quiere pensar en escenarios tan difíciles y cualquier político lo pensaría dos veces antes de tomar una medida tan extrema, sobre todo si lo que más le preocupa es su popularidad y aprobación. El viernes pasado fue ubicado por varios encuestadores que miden la aprobación presidencial como el “punto de inflexión” en la popularidad y la aprobación del Presidente, que ya rompió el piso sicológico de 50% de aprobación; y bajando de esa cifra se rompe un límite en el que ya la desaprobación es mayor que la aprobación.

Hoy más que nunca necesitamos un Presidente fuerte, sano y que esté dispuesto a ejercer su autoridad, primero en esta emergencia, para salvar la vida del mayor número de mexicanos posible, y después, en lo que venga, utilizando todos los instrumentos y las facultades que le da la Constitución.

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